Con todo, Mira recuerda que su labor resultaba clave en una época en la que los mapas estaban todavía en pañales: «Había un alto grado de improvisación porque no había cartografía. Se movían siguiendo la intuición de grandes marinos y los consejos de algunos de los que habían estado en la jornada de la primera vuelta al mundo». La Sancti Spiritus se hundió, la Anunciada desertó y la capitana –la Santa María de la Victoria– quedó separada del resto durante algunas jornadas. Lo que es muy interesante es la referencia que hizo a su hija, de la que casi nadie tenía noticia. Tras su muerte, y gracias a una orden secreta que Su Majestad había firmado antes de que la expedición saliera de puerto, tomó el mando Elcano.