Es lo que nos habría ahorrado un bochorno, un conflicto, decir sí cuando queríamos decir no, perder o retener a alguien. Y basta una creatividad mínima, alterar solo ciertos detalles, porque el escenario y los actores son los mismos; lo que cambian son algunas líneas, las acotaciones en el guion. Es pasado y futuro, o mejor: es el futuro probable de un pasado que no fue. Una de las posibilidades del hubiera está Morel en aquella novelita de Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel. Pero tanto la máquina de Morel como las obras de arte son una extensión de la fantasía.