La clave no está en instalar equipos más potentes, sino en dirigir el aire únicamente hacia las zonas donde realmente se encuentran jugadores y espectadores. Si el aire frío se impulsara sin control, acabaría perdiéndose rápidamente en el exterior. Por ese motivo, precisamente, los proyectos más avanzados recurren a difusores de alta velocidad situados estratégicamente alrededor del césped y las gradas. Estos impulsan el aire tratado a baja altura para generar una capa de aire fresco que permanece donde están las personas. La orientación del estadio, la incidencia del sol, el viento dominante, la humedad o el aforo previsto condicionan el diseño final.