Despliegue ideológico y no oficial: el comandante destacó que los combatientes no fueron enviados como parte del «despliegue oficial» de Al-Hashd al-Shaabi (que, en teoría, depende del gobierno iraquí). Se trata de combatientes con una lealtad religiosa e ideológica absoluta al régimen de los ayatolás y a la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), que llegaron para ayudar en la defensa de la República Islámica. Brecha tecnológica y armamento: las milicias dependen principalmente de la guerra de guerrillas, cohetes, drones suicidas y vehículos todoterreno. Frente a la potencia de fuego, la inteligencia de precisión y los ataques aéreos estadounidenses —que ya han destruido numerosas infraestructuras en la región—, las fuerzas iraquíes son altamente vulnerables. La presión interna en Irak: el despliegue también está influido por la fuerte presión económica y política ejercida por la administración Trump sobre el nuevo primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, para desarmar a las milicias.