La arena se obtuvo en una zona marina situada frente al propio tramo costero, no al otro lado del Atlántico. Una draga succiona los sedimentos, los transporta y los bombea hacia tierra mediante tuberías. El contrato inicial ascendió a 14,9 millones de euros y la primera intervención fue financiada por el programa Sustentável 2030 y el Fondo Ambiental. Además, la arena depositada sobre la playa y la parte sumergida puede enterrar organismos con poca movilidad. La evaluación ambiental vincula la intervención con efectos positivos para la actividad económica y la imagen turística de la región.