Lo que hoy quiero contaros es que, en realidad, las palabras son, en cierta forma, proyectiles que afectan, para bien o para mal, a nuestra salud mental. Esto que os digo se aplica, de un modo u otro, a todas las palabras, pero hoy hablaremos solo de las más obvias, los insultos y los halagos. Los trabajos de laboratorio han encontrado diferencias en la sustancia blanca del cuerpo calloso o en la conectividad de la corteza auditiva. Y los efectos aquí también son a medio y largo plazo. Pues, por lo que parece, no está en la palabra en sí, sino más bien en el modo en el que las usamos y en el contexto en el que aparecen.