La siguiente sería la vulgarización, que es cuando algo está plenamente integrado en la opinión pública, en lo que el pueblo cree, en el “sentido común” del que hablaba Gramsci. La idea que hay detrás de esto es que para progresar en la campana del poder todas las fantasías ideológicas tienen algo en común, que es la hegemonía que subyace a todas ellas, ya seas de Podemos o ya seas de Voz, que es la fe en el Ruido. El Ruido ha ocupado su lugar, es el que ha asesinado a Dios, y por eso lo pongo con R mayúscula: el Ruido, porque es el ente al que imploramos. Y lo que hacen desde el Congreso, que es la representación de todo el mundo, es culpar a la gente. Y de aquí saco la idea de que es liberador saber que el futuro no depende de mí.