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Huellas furtivas de la vida: una lectura renovada y excepcional a la obra de Rauschenberg
['Enrique Andrés Ruiz']
EL PAÍS: el periódico global
En 1985, la Fundación Juan March presentó a Rauschenberg en España, y no era cosa ahora de otra antológica.
Era cuestión de honestidad: deseaba trabajar inmerso en la saturación de imágenes, la verdad de nuestra circunstancia.
Lo que le ocupó siempre fue la frontera, llena de pasadizos, entre la representación y la vida.
La intrusión de la vida en el arte que supuso la etiqueta de anís en la pintura cubista fue llevada así a una nueva dimensión que no añadía, sino que fundía la imagen con la misma superficie en la que el pintor había producido formas y gestos.
Sin embargo, como en un interruptus de la factura artística, una y otra vez la realidad y el azar dejaban furtivamente su huella.