Pero mientras la repasaba, recibí una notificación en el móvil. Era un grupo de WhatsApp en el que alguien compartía que a bordo de la flotilla iban dos etarras condenados: José Javier Osés e Itziar Moreno. Mi primera tentación fue borrar la pieza y hacer otra que nada tuviera que ver con el tema, una reflexión sobre el otoño o el silbo gomero, cualquier cosa menos hablar de la flotilla. Para mí, que la he defendido públicamente, y seguro que para muchos más, es una vergüenza saber que una misión pacífica y humanitaria ha acogido a dos etarras condenados, una de ellas por intento de homicidio. También es incomprensible que la flotilla no haya investigado —o peor aún, que haya pasado por alto— quiénes eran.