Muchos dirigentes del PP, la mayoría alejados del peculiar clima político madrileño, reconocen que tienen a “Vox en la nuca” y que así, “atados”, es muy difícil hacer política. En el PP ya no ocultan que tienen un problema con Vox, que se intuía hace tiempo en varias encuestas y que ahora es evidente en la disputa de los discursos y en su vigencia política y mediática. El dilema no está solo en que constaten que Vox está ya en su cogote. En el PP más allá de la M-30 ratifican que el PP madrileño “va por libre”, tiene su propia agenda, su estrategia e impone sus métodos. Y se puso el ejemplo de los problemas para reconocer el genocidio en Gaza por Israel, que tanto daño y sensación de bandazo ha provocado en el equipo de Feijóo.