Desde el acervo de instituciones y derecho de la antigua Roma hasta el fascismo, desde la revolución humanista-renacentista hasta el berlusconismo, en muchas ocasiones la península ha dado luz a fenómenos que tendrían amplia proyección en el tiempo y el espacio. No es baladí que la gran protesta italiana haya sido movilizada por los viejos sindicatos, símbolos de mecanismos de intermediación, de conexiones humanas y tangibles, de redes solidarias de resistencia. Por supuesto, en la protesta parte de la vibración emerge de la oposición a Giorgia Meloni. Ser abanderados del futuro mientras los señores de la noche ondean el estandarte del pasado, ahí está el reto. Conviene intentar adueñarse del futuro, movilizarse, sin resignación ante el poder duro, sin sumisión ante los partidismos, siendo propagadores de la emoción que hay en el valor del derecho y la justicia.