La frase, escrita por Virgilio en La Eneida, pone en boca del sacerdote Laocoonte una advertencia que nadie quiso escuchar. Mientras veía La Odisea de Christopher Nolan, pensé menos en la película que en el milagro que estaba ocurriendo frente a mis ojos. Fue el deseo, la belleza, la obsesión, el motivo que desencadena una guerra. Su Odiseo no es un héroe invencible, es un hombre cansado, marcado por la culpa, por la pérdida y por la nostalgia. Desde Memento, pasando por El gran truco, Interestelar, Dunkerque y Oppenheimer, toda su filmografía ha girado alrededor del tiempo, de la memoria, de la culpa y de la condición humana.