En medio de sus diferencias, Petro y De la Espriella, tienen sus semejanzas, en buena medidaporque se desenvuelven en un escenario político muy desordenado y confuso, donde los viejos ydesgastados partidos, crecientemente irrelevantes, han perdido su importancia como actores enel juego político. No es exagerado decir que priman las emocionessobre las ideas; obvio que las emociones siempre han rodeado la propuesta y la acción política,siendo, si se quiere, su envoltura y señuelo, pero con la crisis en que esta se sumió, y no solo enColombia, se convirtieron en el alma del discurso político. Lo que hoy estamos viviendo en Colombia, plantea una pregunta cuya respuesta podremosempezar a encontrar, en los próximos meses: ¿Se generará un reagrupamiento político que no seasolo coyuntural? Petro llega al final de su gobierno, con sus promesas incumplidas,dejó sus discursos grandielocuentes, plenos de ofrecimientos y críticas, y una opinióndesencantada, que sigue reclamando cambios. ¿Será que seinicia en este cuatrienio un nuevo capítulo de la política en el país, con nuevas organizaciones