Es fingir plena normalidad en una casa donde los paquidermos de la corrupción campan a sus anchas y destrozan el mobiliario y las paredes a trompadas. Sacó pecho del gasto social y de la marcha de la economía, de la ley de amnistía y de la respuesta a los incendios, cuya proliferación atribuyó de forma indirecta al "negacionismo climático" de la derecha. En lo que no hubo modo de negarle razón fue en el aserto de que la España de hoy es «muy distinta a la de hace una década». No es la misma nación, no; es una sociedad dividida por la estrategia de confrontación de un proyecto sectario cuyo promotor se encuentra al borde del desahucio. Y una tea políticamente incendiaria en la mano.