Igual sí, oigan, que la gilipollez es una condición mensurable, pero también opinable. Lo que no admite discusión es que a ninguno nos gusta que nos insulten. Y que, aquí llega lo más obsceno, en casa de los Zapatero Espinosa ni siquiera hablaban de esas joyas. Ese no es el asunto. Por eso me enerva que me trates como si fuera gilipollas.