El egoísmo de la señora Acevedo también se hizo sentir en la vida amorosa de J. L. Borges. El modo en que habla parece creíble, es el tono de una mujer desairada. Este primer caso de egoísmo no es absoluto; aunque hay egoísmo, es indudable que es el amor de la señora Leonor hacia Borges el que prevalece. Otra particularidad era que los padres biológicos de los niños estudiados solían padecer enfermedades mentales. Nada nos transforma más que el amor genuino, venga de un familiar, alguien especial, un amigo o un desconocido.