Este emblemático poema musical funky es un motivo recurrente en los diálogos de la segunda parte de la película porque a todos los personajes del más reciente filme de Anderson les importa la revolución, sea porque la quieren retomar, continuar o detener. De cualquier modo, por más importante que resulte la revolución, no lo es todo. La relativa placidez de la vida de este pachorrudo padre soltero y esta claridosa jovencita se vendrá abajo cuando el obsesivo Lockjaw vaya por ellos ahí en la pequeña ciudad santuario en la que se ocultan. Lo que se ha quedado en mi memoria y, además, me ha dejado un nudo en la garganta, es la ausencia total de cinismo de parte de Anderson. Camaradas, hay que seguir haciendo la revolución y, además, con un bote de cerveza en la mano.