Jane Goodall falleció a los 91 años por causas naturales y dejó tras de sí una huella imborrable en la ciencia, la conservación y en la forma en que los humanos se perciben a sí mismos en relación con la naturaleza. Goodall mostró que los chimpancés no solo cazan y comparten carne, sino que desarrollan lazos sociales, transmiten prácticas culturales y expresan emociones complejas como la empatía, la ambición o la violencia organizada. A medida que constataba la amenaza que la deforestación, la caza furtiva y la presión humana suponían para los chimpancés, Goodall transformó su carrera en una misión de activismo global. Fundó el Instituto Jane Goodall y lanzó el programa educativo Roots & Shoots, que hoy conecta a jóvenes de todo el mundo con proyectos medioambientales y comunitarios. El fallecimiento de Jane Goodall no supone solo la pérdida de una investigadora excepcional, sino el cierre de un capítulo en la historia de la ciencia contemporánea.