La medicina y la psicología han sido claras: no existe tal síndrome. De hecho, la mayoría de estudios concluye que la interrupción voluntaria del embarazo suele producir alivio, no sufrimiento añadido. Cuando la primera se subordina a la segunda, pierde la sociedad entera, porque se erosiona la credibilidad de las instituciones y se mina la calidad democrática. El alcalde de Madrid, forzado a reconocer que el supuesto síndrome no tiene respaldo científico, ilustra bien la contradicción en la que caen quienes adoptan postulados ideológicos sin fundamento. Lo que enferma es la negación de derechos, el señalamiento social y la manipulación institucional.