China ya no es “la fábrica barata del mundo”. Es un depredador económico que afila sus dientes en todos los sectores: coches, microchips, turismo, inteligencia artificial y lo que venga. Nosotros ya hemos entregado las llaves: la industria a China, la energía a Putin y la seguridad a Estados Unidos. La invasión será con hoteles, tecnología, bancos y empresas que ya nos superan en coste, velocidad y determinación. Pero esa es la foto de un partido que ya no jugamos.