La creciente brecha económica y la radicalización política han debilitado los ideales humanistas de equidad, diálogo y respeto mutuo. Más que una crisis terminal, el humanismo vive una etapa de replanteamiento profundo. El humanismo puede ser el marco para regular la inteligencia artificial, la biotecnología y el big data. El humanismo puede dialogar con estas corrientes sin perder su núcleo: la defensa de la vida y la libertad. El anonimato y la velocidad favorecen el discurso de odio, la polarización y la cancelación, debilitando el diálogo respetuoso; la superficialidad emocional.