Lo que inició como manifestaciones pacíficas se transformó en disturbios que encendieron la tensión en ciudades como Oujda, en el este del país, e Inzegane, en las afueras de Agadir, al sur de Marruecos. Este hecho se convirtió en un símbolo del deterioro de los servicios de salud pública en el país y aceleró el malestar ciudadano. El grupo afirma que no busca desestabilizar al país, sino visibilizar problemas estructurales como la falta de equidad social y la corrupción institucionalizada. El acceso a la atención médica, la calidad de la educación pública y la lucha contra la corrupción siguen siendo temas sensibles que afectan directamente a la población más vulnerable. Los enfrentamientos en Marruecos que dejaron 400 detenidos y 300 heridos son un reflejo del profundo malestar social que atraviesa el país.