Perón y Betancourt hablaron de justicia social y pueblo, pero lo hicieron desde proyectos distintos. Entre un café con leche y dos medialunas, discutíamos sobre losparalelismos latinoamericanos del siglo XX, y él lanzó una provocación que me quedó resonando: “¿No será que Perón era adeco y que Rómulo, en el fondo, fue peronista?”. En ambos, la promesa era darle al pueblo un lugar central en la política. En Buenos Aires, el enemigo era “la oligarquía y los imperialismos”; en Caracas, la “rosca” petrolera y la oligarquía agraria. Mis conclusionesLa sobremesa en el Café La Orquídea me llevó a esta conclusión: ni Perón fue adeco, ni Rómulo peronista.