Con este acuerdo, Trump busca demostrar que no existen obstáculos políticos, ni siquiera con adversarios estratégicos como Irán, que puedan frenar su agenda. Irán mantiene uno de los historiales más severos en materia de violaciones de derechos humanos y, en 2025, ha superado las 1.000 ejecuciones oficiales, según Amnistía Internacional. El presidente republicano insiste en que su país ha cargado durante décadas con el peso de la inmigración irregular y que ahora toca imponer orden. En su discurso, se presenta como el único capaz de recuperar el control de las fronteras, incluso si ello implica negociar con regímenes adversarios. Trump ha convertido la deportación de extranjeros en un eje central de su política y en una herramienta geopolítica.