La red digital se ha convertido, en apenas una generación, en la plaza pública más influyente, privatizada y omnipresente de la era contemporánea. El segundo motor del fenómeno es la sorprendente eficacia de la comunicación digital como ingenieros del deseo. Con este propósito, las redes deben explotar una interacción dominada por la espectacularidad, la brevedad, la velocidad y la primacía audiovisual para atrapar, sorprender y conmover. Dos son a mi entender los efectos sociales más preocupantes de esta telaraña digital, su pragmática: el deterioro de la salud y de la autonomía mental de los adolescentes y la erosión progresiva de la convivencia social, la cultura y las instituciones democráticas. ¿Qué implica para la autonomía y el bienestar individual y social ser constantemente seducidos y perfilados por plataformas guiadas por el beneficio económico?