Las evaluaciones de candidatos tienen por objeto ayudar a las congregaciones a discernir si un candidato puede crecer en la vida comunitaria y cómo puede hacerlo. Lo ideal es que no solo midan la preparación para la vida comunitaria, sino que también revelen la historia que lleva consigo el candidato: los traumas sufridos, la resiliencia adquirida, la personalidad forjada y las esperanzas para el futuro. Pero aquí está el reto: las evaluaciones solo son útiles en la medida en que lo es la lente a través de la cual se interpretan. Afecciones como la ansiedad, el trauma y los trastornos del estado de ánimo afectan obviamente a la vida comunitaria, pero también lo hacen la resiliencia, la terapia y los sistemas de apoyo con los que cuenta una persona. También subrayó que la salud mental no es un motivo de descalificación, sino una realidad que hay que integrar.