Y aquí viene mi remedio que –otra vez– nada tiene de teoría firme, ni siquiera de hipótesis, solo sospecha: igual no es mala idea volver al cuerpo. Habitarse una a sí misma, sentirse las carnes y en las carnes, ya que estamos encarnados. Me rechistarán que somos cuerpos que más que nunca se exhiben y recauchutan, y se invierte en cómo convertirlos en centenarios. Cuando sugiero habitar el cuerpo no me refiero a las actuales formas de escaparatismo, neurosis y mortificación, ni del odio y la lucha contra la edad y la hechura. Olvidamos que el cerebro es una parte del cuerpo y que hay inteligencia en la yema de los dedos.