El texto declara que Gaza será transformada en una “zona libre de terrorismo y desradicalizada”, con fuerzas internacionales encargadas de garantizar el desarme de Hamás y la vigilancia fronteriza. Aceptar el plan significaría desarmarse y renunciar a su papel político en Gaza, a cambio de la reconstrucción y la promesa de autonomía futura. La ONU y la Cruz Roja, por su parte, exigen garantías sobre la neutralidad en la distribución de la ayuda. El acuerdo presentado en Washington se proyecta como la propuesta más detallada en años para detener la violencia en la Franja. Sus fortalezas radican en el alivio inmediato que promete a la población civil y en el marco internacional de supervisión.