El punto de partida, en agosto de 1945, fue la creación del Comité Especial para la energía atómica, una respuesta a la amenaza que representaron los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Desde su inicio, la visión soviética concibió el átomo no solo como un escudo defensivo, sino también como una fuente de energía para la vida. El esfuerzo de pioneros como Ígor Kurchátov permitió que en 1954 se inaugurara en Óbninsk la primera central nuclear del mundo. Un avance revolucionario son los reactores de neutrones rápidos, que permiten reutilizar el combustible una y otra vez en un “círculo virtuoso”. Frente al cambio climático y la creciente demanda eléctrica, la energía atómica se erige como una respuesta real.