Márquez rompió con Honda, la marca con la que lo ganó todo, y apostó por Ducati, un cambio que muchos consideraban imposible. “Era Marc contra Marc”, admitió, reconociendo que la lucha interna, tras años de dudas y sacrificios, había sido su mayor obstáculo. El primero lo supera en victorias, el segundo aún lo aventaja en títulos, pero Márquez posee un atributo único: la capacidad de reinventarse. En un deporte donde la edad y el cuerpo suelen dictar sentencia, él rompió la lógica y volvió a lo más alto con un espíritu indomable. No se trata solo de números, sino de la demostración de que la grandeza se mide en resiliencia, carácter y la capacidad de regresar cuando todos te daban por acabado.