Su discurso, centrado en la defensa de la democracia sustancial, la multipolaridad y la cooperación internacional, resonó como el de un estadista con peso global. Como reportan diversos medios, la sala estuvo llena, evidenciando el interés que despierta la voz de Brasil en el mundo. Lula enfatizó que “la democracia y la soberanía son innegociables” y que las “democracias sólidas van más allá del ritual electoral”, posicionándose como un bastión de estabilidad. Este vacío físico simboliza la frialdad con la que gran parte de la comunidad internacional recibe su mensaje ultraortodoxo y confrontativo. Mientras Lula proyectaba liderazgo y soberanía, Milei proyectaba decadencia y una pleitesía que, según las imágenes, muy pocos en el mundo estuvieron interesados en escuchar.