Cuando hablamos de terrorismo y de las víctimas que lo sufrieron, con frecuencia decimos que no se puede ni se debe olvidar. El dolor que ha permanecido en las víctimas no se muestra la mayoría de las veces porque ellas lo guardan para sí, pero sabemos que lo tienen en su mente y en su espíritu porque es imborrable. Por el contrario, estudiaban y se aplicaban pensando en su futuro. El código penal español favorece la reinserción y creo que lo aceptamos en general, pero de eso al olvido hay un amplio trecho. Por ello, a mi memoria vuelve el dolor en este mes de enero.