Para mí, la discutidera es la discutidera y es una gozada. Yo disfruto de la elegancia, pero también del error, de la torpeza, de la inexperiencia y hasta de la maldad y la manipulación, cuando las detecto y encuentro sus motivaciones. La razón, claro está (no siempre), no es la verdad ni la lógica ni la evidencia ni la demostración. Ahí argumentan que la razón es una habilidad social diseñada para la interacción, la persuasión y la vigilancia epistémica, más que para la búsqueda de la verdad objetiva. La madurez de nuestra especie no está en evitar la discutidera, sino en aprender a disfrutar de la fricción sin que la estocada penetre.