Muchos familiares de las víctimas del terrible suceso habían expresado que querían que el homenaje fuera religioso y popular. La política y sus miserias han quedado en un segundo plano o incluso en otro inferior, casi irrelevante, en una convocatoria en la que han destacado el recogimiento y el sosiego, la sensación compartida de que el infortunio es a veces inevitable y que solo queda el asidero de la memoria y de la confianza en una vida más allá de la terrenal. Y el oficio religioso, con la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, en el altar les ha ayudado a sobrellevar la pena, el peso de lo inexplicable. «Que la Virgen de la Cinta os consuele», ha clamado el presidente de la Conferencia Episcopal. Los Reyes han saludado a todos los familiares de los fallecidos y a los heridos, tarea en la que han empleado cerca de una hora.