La historia de la protagonista de esta película, la joven china musulmana de origen uigur Aishe (la debutante y nominada a los premios Gotham, Sebiye Behtiyar) debió, pues, haber tocado varias cuerdas sensibles en la memoria de Liu. El guion escrito por la dramaturga de origen polaco –también inmigrante– Martyna Majok está bien apoyado por la impresionista puesta en imágenes creada por la cámara de Ante Cheng y por el fragmentado montaje subjetivo de Anne McCabe. Se trata de una visión realista y antisentimental que, por fortuna, no cae jamás en la tentación del jodidismo dramático. Estamos, en la poética forma y en el duro fondo, en las antípodas de cualquier discurso optimista a ultranza, ya no se diga edificante. Que los dos traten de encontrar aunque sea un mínimo alivio a las condiciones en las que (sobre)viven no es un sueño insensato: la única posibilidad de escape es ir siempre hacia adelante, como bien lo entiende Aishe, quien todos los días está preparándose físicamente para esta dura vida, pero también para la próxima que, seguramente, será mejor.