El 13 de septiembre de 1985, le diagnosticaron a Borges, en un hospital de Buenos Aires, cáncer en el hígado. Federico Guzmán ha contado en detalle en El miembro fantasma (Los libros del perro, 2021) la forma en que Borges fue cobrando conciencia de los horrores que se vivieron bajo la dictadura y el error en que incurrió al haberla apoyado en sus inicios. Cansado de los espantos que diariamente salían a la luz con la llegada de la democracia y el enjuiciamiento a los militares, escéptico de los políticos en el poder, Borges tomó en secreto la decisión de marcharse de Argentina para no volver. María Kodama contaría más tarde a Braceli: “Borges temía que su muerte se convirtiera en el montaje de un gran circo. En varios artículos y en múltiples entrevistas, Borges dejó asentado que esperaba la muerte y el olvido como un alivio, le pesaban el cuerpo y la fama.