Soy una más de esas figuras borrosas que caminan por una isla que se apaga a pedazos. Hijos que no volverán, jóvenes que murieron lejos en una guerra que no resolvía ni el hambre de sus madres, ni el dolor de nuestros hijos. En Cuba no hay aspirina que sane el cáncer que nos corroe, pero sobran las consignas que nos envenenan cada día. El miedo se respira en la calle, la gente habla de guerra y el gobierno levanta puntos de control, registros constantes, maniobras militares, aumento de la represión. ¿Por qué he de seguir resistiendo mientras pinto sombras en la oscuridad y espero que el amanecer sea algo más que una metáfora?