Pero si hubiera que destacar a uno, no por actualidad sino por lo que representa, ese sería Fernando Arrabal. Todos esperaban que el insurrecto Arrabal, símbolo del antifranquismo, pronunciara un alegato feroz contra el fascismo y los restos de lo que fue el nacionalcatolicismo. Pidió a los anarquistas que pidieran perdón por los crímenes cometidos contra la Iglesia y los religiosos durante la Guerra Civil española. ¿Por qué no lo hizo David Uclés? Tal vez habría sido “La guerra en la que ganábamos todos”, y no “La que todos perdimos”.