No le "cabe en la cabeza" que el presidente Chaves haya minimizado la violencia al hacerse eco de comentarios de que "es entre ellos (los delincuentes) que se matan". "Todos en la vida merecen una oportunidad". Pero la cuota de sangre no la ponen grandes capos, sino sectores empobrecidos de este país de 5,2 millones de habitantes que se cuenta entre los más desiguales de Latinoamérica. Hubo casos en que "los papás no sabían leer, escribir (...), no tenían cómo enterrarlos" o transportarlos para velarlos, cuenta la mujer, quien negocia precios con funerarias y organiza colectas en redes sociales. En las empinadas calles de un populoso barrio de la capital costarricense, los tiroteos entre vendedores de drogas son cotidianos y sus víctimas tienen una doliente en común: Mauren, quien ayuda a sepultarlas sin preguntar si eran inocentes o no.