La respuesta puede estar en el vínculo poco hablado entre estrés, ansiedad y grasa abdominal y en una hormona de nombre raro que pocos conocen. Vivir acelerado, dormir poco y estar siempre en alerta tiene un impacto real en el cuerpo. El estrés constante puede estar activando una respuesta del cuerpo que favorece la grasa abdominal, incluso cuando intentas cuidarte. Si vives con estrés alto, tu cuerpo puede estar intentando protegerte… y el abdomen suele pagar el precio. La buena noticia es que cuando bajan el estrés y mejoran sueño, proteína y fuerza, el cuerpo muchas veces vuelve a responder.