Este invierno vamos camino de agotar todos los nombres previstos para las borrascas hasta Wilma. Es un año de lluvia y nieves, lo que podría traducirse en un año de bienes en algunas zonas que viven de esto, como Sierra Nevada y su estación de esquí. Se lanzan dardos en los medios y cuando la cosa es muy grave se reúnen para tomar decisiones que a lo sumo mitigan un poco el caos el siguiente fin de semana. Si hay que poner aforos o autobuses lanzaderas obligatorios, si hay que levantar media urbanización para cambiar saneamientos o cualquier iniciativa que permita ofrecer servicios de calidad, que se haga. Pero pronto, porque la imagen y el prestigio son como el humo que se va y no vuelve.