La libertad de expresión no es un lujo ni un accesorio: es el cimiento mismo del sistema democrático. Nixon, Ford, Reagan, Clinton, Bush, Obama… todos fueron blanco de la sátira, de la parodia y de la crítica sin restricciones. El paso de Nexstar abrió la puerta para que Disney, dueña de ABC, terminara suspendiendo el programa. Es el modelo de Viktor Orbán en Hungría para controlar los medios, casi al pie de la letra. No puede haber una señal más peligrosa para la democracia estadounidense.