Una parte de la izquierda había renunciado a los principios liberales y defendía formas de supresión del discurso: la cancelación no existía y a la vez era una medida legítima. Mientras, políticos y activistas de derechas proclamaban la necesidad de que la gente pudiera decir lo que pensaba; practicaban la sátira y el gamberrismo. Había muchos indicios; pero se ha visto claramente con las reacciones al asesinato de Charles Kirk. La muerte de un hombre que creía en el debate con la gente que tenía opiniones distintas a las suyas se ha convertido en la oportunidad para suprimir la circulación de opiniones diferentes. A ver si ahora resulta que las palabras son violencia, cuando son las de mi adversario.