Su centro de control se encuentra en el hipotálamo, que detecta cambios de temperatura y activa mecanismos de compensación para conservar energía y mantener la eficiencia térmica. La información llega al cerebro mediante termorreceptores en la piel, pero su funcionamiento varía entre individuos, lo que explica por qué algunas personas sienten más frío que otras. La genética influye significativamente: la cantidad de grasa corporal, la densidad de la piel y otros factores hereditarios pueden ofrecer mayor protección frente al frío. Emociones, estrés y percepción del fríoEl estrés puede alterar la respuesta del cerebro al frío, mientras que la percepción de las temperaturas también tiene un componente subjetivo. De hecho, la temperatura media ha disminuido de 37 ºC a 36.5 ºC en los últimos 200 años.